Anoche, dando vueltas en la cama sin poder dormir, mareada con el calor asfixiante de este julio y preguntándome si mi hijo estaría pasando buena noche después de un día de fiebres altas, pude haber escrito el mejor último capítulo para este diario de memorias. Vino a mí colándose entre la oscuridad, el calor y las preocupaciones, de puntillas en el silencio de la pegajosa noche. Y tras el sueño se esfumó, se desvaneció, se disipó con la luz del día… en fin, espero que los guijarros que haya dejado en el cauce de mis pensamientos, sean suficiente para concluir, con la dignidad que estos recuerdos se merecen, la última de sus páginas.
Yo, como tú, soy lo que de mi han hecho un cúmulo de circunstancias y la memoria genética de aquellos que me precedieron. Si soy o no el mejor resultado posible de esta combinación es difícil de decir. Soy despistada, torpe y bocazas, pero también soy empática, buena y cariñosa y, entre medias, tengo un “geniecico” punzante que, aunque amansado por el paso del tiempo, aparece de vez en cuando dándome un toquecito rebelde que, no sin sonrojarme, diré que a mi me gusta, no se si quienes me rodean pensarán lo mismo cuando lo sufren. Como suele decirse y como ya sabrás perfectamente, no tengo abuela, pero la tuve, y ella fue esa parte de las circunstancias y de la genética responsable de la base de todas mis virtudes, por eso no me avergüenza reconocerlas en voz alta porque, en cierta manera, hablan de ella a través de mí.
El amor salva vidas, las mejora y les da sentido, las rescata, las endulza, un gramo de amor del bueno vale por un kilo de pesares.
Mi yaya, mi padre, mi familia, mis amigos, mis parejas, mi príncipe azul, mi hijo … el amor que me han regalado ha llenado mi vida de ilusión y de felicidad, pero lo que le ha dado el verdadero sentido de ser, lo que realmente hace que este viaje merezca la pena, es el amor que han hecho nacer en mí, la semilla que han dejado cada uno en mi corazón al pasar por él, sin importar si estuvieron al principio o al final, en todo momento o sólo un instante, si la historia acabó bien o no, eso no es lo esencial. Todo aquel que haya hecho brotar el amor en nosotros en alguna ocasión nos ha hecho el mejor de los regalos y se merece un recuerdo feliz.
De eso va todo esto, este relato de memorias, este homenaje, esta prueba de vida es un recuerdo feliz, un gran recuerdo feliz. Una manera de agradecer mi regalo.
Y si además ha servido para que al menos una de las personas que ha viajado del capítulo I al X le haya dado la vuelta a su papel y ahora pueda verlo del lado dulce y se sorprenda leyendo estas últimas líneas con una sonrisa en sus labios, entonces será maravilloso haberlo escrito.
Hasta siempre,
Yo, como tú, soy lo que de mi han hecho un cúmulo de circunstancias y la memoria genética de aquellos que me precedieron. Si soy o no el mejor resultado posible de esta combinación es difícil de decir. Soy despistada, torpe y bocazas, pero también soy empática, buena y cariñosa y, entre medias, tengo un “geniecico” punzante que, aunque amansado por el paso del tiempo, aparece de vez en cuando dándome un toquecito rebelde que, no sin sonrojarme, diré que a mi me gusta, no se si quienes me rodean pensarán lo mismo cuando lo sufren. Como suele decirse y como ya sabrás perfectamente, no tengo abuela, pero la tuve, y ella fue esa parte de las circunstancias y de la genética responsable de la base de todas mis virtudes, por eso no me avergüenza reconocerlas en voz alta porque, en cierta manera, hablan de ella a través de mí.
El amor salva vidas, las mejora y les da sentido, las rescata, las endulza, un gramo de amor del bueno vale por un kilo de pesares.
Mi yaya, mi padre, mi familia, mis amigos, mis parejas, mi príncipe azul, mi hijo … el amor que me han regalado ha llenado mi vida de ilusión y de felicidad, pero lo que le ha dado el verdadero sentido de ser, lo que realmente hace que este viaje merezca la pena, es el amor que han hecho nacer en mí, la semilla que han dejado cada uno en mi corazón al pasar por él, sin importar si estuvieron al principio o al final, en todo momento o sólo un instante, si la historia acabó bien o no, eso no es lo esencial. Todo aquel que haya hecho brotar el amor en nosotros en alguna ocasión nos ha hecho el mejor de los regalos y se merece un recuerdo feliz.
De eso va todo esto, este relato de memorias, este homenaje, esta prueba de vida es un recuerdo feliz, un gran recuerdo feliz. Una manera de agradecer mi regalo.
Y si además ha servido para que al menos una de las personas que ha viajado del capítulo I al X le haya dado la vuelta a su papel y ahora pueda verlo del lado dulce y se sorprenda leyendo estas últimas líneas con una sonrisa en sus labios, entonces será maravilloso haberlo escrito.
Hasta siempre,
Cristina

un final acorde a lo esperado, con miel en las palabras y una sonrisa en los labios..
Gracias Juan Luís, se que lo dices de corazón y que eres mi lector #1